MANTA | En la piel de Josefa. ¿Hay maneras de salir del pozo de la violencia machista?

Josefa Flores Mero es una mujer luchadora a quien la violencia de género no la ha amilanado.

Autor: Nancy Vélez A.

Tenía 15 años y todas las ilusiones del mundo cuando Josefa Flores Mero se dejó llevar por el amor y se fue de casa para unir su vida al hombre que amaba.

Rubén la había conquistado con palabras bonitas y la promesa de que formarían un hogar lleno de felicidad.

-De enamorados, las personas no se muestran como son, dijo.

A los pocos días de haberse entregado al hombre de su vida, Josefa conoció las agresiones, los insultos y hasta los golpes.

Rubén tomaba demasiado y cuando se emborrachaba ella sufría los efectos de la bebida.

A esa corta edad  quedó embarazada. Solo un año duró con el padre de su hijo. La violencia la hizo desertar de esa relación que le había quitado la paz, sus estudios y el sueño de ser una gran profesional.

Un nuevo intento

A los cinco años, Josefa decidió darse una nueva oportunidad. Conoció a su nueva pareja con quien tiene 22 años de unión.

Los primeros días fueron maravillosos aunque ciertas escenas de violencia intrafamiliar empezaron a repetirse.

Su marido la insultaba, cuando estaba ebrio llegaba molesto y Josefa tenía que esconderse con sus dos hijas pequeñas que habían nacido fruto de esa relación.

“Él no me pegaba, solo me decía palabras feas y era sólo cuando estaba borracho”. Los años fueron pasando y los hijos creciendo: tres mujeres y un varón fueron el fruto de esta nueva relación.

A los 17 años su hija mayor, Roxana, se enamoró de un hombre de 28 años de edad. Tal parece que el estigma del maltrato la siguió.

Aunque Josefa nunca escuchó de boca de su hija que el marido la maltrataba, fue su nieta quien de manera constante le relataba los golpes que recibía su madre.

-Pero ¿qué te pasó en el brazo’?, ¿por qué tienes ese moretón?

– Mamá, es que me golpeé

– Hija ¿qué te paso en el rostro?

– Mamá, es que me caí

Así fueron algunos años. Luego, Roxana se separaba y otra vez volvía a la mínima oportunidad de que él llegara a buscarla; en la última separación tenía tres meses de distanciada. Su hija estaba decidida a no regresar, recordó doña Josefa.

Fue un 17 de enero del 2017 cuando la hija de la pareja pidió a su madre que la lleve a visitar a su padre, quien vivía en el barrio Santa Martha del cantón Manta, provincia de Manabí, Ecuador.

Cuando llegaron a la casa, el hombre pidió a su hija de 8 años que saliera a comprar un encebollado. Cuando regresó la menor se encontró con la terrible escena. Su madre estaba en media sala tendida en el piso, su padre tenía una navaja y le exigía que se fuera.

La menor logró escapar y pidió ayuda a los vecinos; también llamó por teléfono a su abuelita Josefa, quien rompió en un llanto desgarrador al escuchar al otro lado de la línea celular que su hija estaba muerta.

Fueron varios meses de trámite hasta lograr que el asesino de su hija sea sentenciado a 26 años de reclusión mayor, detalló.

Una nueva vida

Son las 09h00 de un miércoles 15 de enero del 2019. Han pasado tres años, 7 días desde que Roxana Cervantes Flores fue asesinada.

Josefa tiene 42 años de edad e intenta salir adelante pese a  las huellas de la violencia machista. Este día la encontramos en la Fundación Río Manta, lugar donde encontró el apoyo para ir curando las heridas del alma.

Tras lo de su hija se sometió a un tratamiento psicológico que continua hasta el momento. Su nieta que ahora tiene 11 años también recibe terapias psicológicas.

En la entrevista con el periódico digital, Infórmate Manabí, esta madre cuenta que reaprendió a sonreír, pues los primeros años tras el asesinato de su hija, ella no quería saber nada de nadie, sólo deseaba dormir, se negaba a salir, sus ojos se inundaban de lágrimas y su vida tocó fondo. De no ser por su hija menor, quien lloraba por comida y eso la obligaba a levantarse doña Josefa no sabe qué sería de su vida.

A su casa llegó un equipo de profesionales de la Fundación Río Manta que poco a poco la fueron sacando del pozo en el que estaba sumergida.

Talleres, capacitaciones, asesoría, charlas motivacionales y hasta apoyo económico para que abra una panadería la ayudaron a salir, contó.

Su esposo, aquel que otrora la maltratara ha cambiado. Ahora le ayuda en su panadería.

Josefa cuenta detalles de cómo está superando la violencia machista.

Apoyo

Yenny Delgado, directora ejecutiva de la Fundación Río Manta, manifestó que hace 15 años (2003) cuando en Manta nadie hablaba de violencia intrafamiliar o violencia de género como se lo conoce ahora, quienes integran la Fundación Río Manta empezaron a movilizarse por este tema. 

En ese tiempo, frente a la necesidad de apoyo que tenían las mujeres armaron un proyecto que es financiado por Cooperación Internacional.

Ahora cuentan con un equipo de profesionales que se encargan de ayudar a mujeres como Josefa.

“Cada año recibimos a unas 300 mujeres, de ese número unas 50 se quedan y finalmente unas 25 deciden seguir el proceso para superar la violencia de género que padecen dentro de su hogar”.

Indicó que en ciertos casos acuden a los domicilios de las afectadas a brindar apoyo. Es el caso de una señora del sector El Aromo de la parroquia San Lorenzo de Manta que sufre discapacidad y cuya hija y nieta fueron quemadas vivas por el agresor. Por la difícil condición económica la señora no puede acercarse a la fundación y por ese motivo el equipo de profesionales va a su casa.

Yenny Delgado, directora ejecutiva de la Fundación Río Manta

Hay salida a la violencia

Verónica Molina Ponce, psicóloga clínica, señala que por lo general el patrón repetitivo está en aquellas mujeres que han crecido en un ambiente donde la violencia familiar está a diario.

“Ellas siempre están viendo su modelo a seguir, su mamá siempre sumisa, que calla, que aguanta por los hijos, que tiene que ser ese ejemplo vivo de cada hogar, entonces la hija crece con esa idea o ideología de que debe de ser así”.

Cuando ella crece y tiene su hogar sucede lo mismo, no en todos los casos; pero si en algunos, porque como mi mamá me enseño eso, yo creo que es lo que está bien y de acuerdo a eso sigo ese círculo vicioso que no termina, comenta la profesional.

Pero en cambio hay otros casos donde la mujer dice no quiero ser como mi mamá, no quiero aguantar, no quiero que ese hombre abuse o controle mis decisiones y entonces allí donde ella decide romper ese círculo, explica la psicóloga.

Verónica Molina señala que son múltiples las razones por las cuales una mujer no acepta el maltrato como por ejemplo amar al esposo a pesar de todo, la soledad, la dependencia económica, entre otros.

En nuestras atenciones nuestras mujeres nos dicen que el hombre va a cambiar, el me lo ha prometido, ha cambiado ciertas cositas, pero cuando uno le dice y cuántas veces te ha prometido cambiar, allí surge el cuestionamiento.

Otros afectados

Betty Alarcón, también psicóloga clínica, señala que cuando hay un tema de violencia hay que tener claro  considerar que no solo se ve afectada la persona que sufre de violencia, sino también se afecta el sistema familiar.

“Todos los integrantes de una u otra forma se disgregan y sienten algunas diferencias y esto hace que haya dificultades dentro de la familia.

Cuando una persona sufre de violencia, lo primero que tiene que hacer es buscar ayuda psicológica, esta ayuda va en función de trabajar la situación que ha vivido con algunas técnicas terapéuticas, minimizando el sentimiento de sufrimiento, dolor, fracaso, perdida, rabia, terapia amor. Trabajar todas esas situaciones emocionales.

Luego tratar de ubicar y dar opciones a estas personas en el ámbito psicosocial, pues muchas no toman la decisión ya sea hombre o mujer de separarse de esa relación tóxica afectiva, donde ha habido un tipo de violencia, es por el hecho de no perder una casa, el trabajo, los hijos, que son la causa aparente del por qué no puedo separarme de esta persona.

Estas personas que han sufrido de violencia tienen que buscar salida desde las orientaciones psicoterapéuticas que se le pueda dar. Trabajar toda la parte emocional y social también.

La psicóloga sostiene que si hay salida a la violencia de género y que para ello lo más recomendable es buscar ayuda de un profesional.

La Policía

En los últimos cinco años, aproximadamente 46 mujeres han sido asesinadas en la provincia de Manabí según el registro policial que empezó el 10 de agosto del 2014 cuando el nuevo Código Orgánico Integral Penal (COIP) entró en vigencia.

Otros datos de la Policía también permiten conocer que en las zonas urbanas en donde hay más femicidios en comparación con el área rural. Y en cuanto al arma que utiliza el agresor el cuchillo u otro tipo de arma blanca aparece en la lista, de acuerdo a los datos que tiene Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased),

A nivel nacional

En Ecuador, según la alianza para mapear femicidios desde el 2014 hasta el 2019 fueron asesinadas 642 mujeres. De esa cifra, 128 casos se registraron en Quito y 124 en Guayas.

http://www.fundacionaldea.org/noticias-aldea/4y7z6cbjl4zdwwn3h3p4n4kpptryze

El informe detalla además que los meses de mayor violencia extrema fueron enero, marzo y mayo. En total han sido asesinadas 28 niñas, 55 adolescentes, 510 mujeres adultas y 12 adultas mayores, según lo que informe la alianza.

Los femicidios se dieron en el medio urbano en 88.6% de los casos y el medio rural 11.4%. De las víctimas eran madres 68.4%, indica.

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